¿NIVELADA, MIXTA O NATURAL?

Sin comentarios junio 2, 2020

Parece que vamos a elegir una ensalada para abrir boca, pero es una pregunta a la que muchos nos gustaría responder con contundencia.

Pero esto es como la política, la religión, el fútbol o el COVID19, todos tienen razón y ninguno la tiene.

Se trata ni más ni menos que hablar de la muerte y de la vida y de que nuestro cuerpo inerte reciba el mejor de los tratos posible, pero si nos concentramos en lo que es el seguro, ¿es el objetivo de una póliza asegurar que no nos dejen en la estacada cuando ya no podremos protestar?

Y es que el seguro de decesos es un producto tan nuestro y con un componente cultural tan arraigado en nuestra sociedad (bendito sea, el seguro de decesos es uno de los de mayor penetración en el mercado asegurador con un crecimiento por encima del 5,35% y al que la banca ya hace tiempo que le ha echado el ojo) que la respuesta se escapa en eternas discusiones a la hora del café.

Partamos del inicio, el seguro de decesos es eso, un seguro, y este viene definido en la Ley 50/80 como un contrato por el que el asegurador se obliga, mediante el cobro de una prima y para el caso de que se produzca el evento cuyo riesgo es objeto de cobertura a indemnizar, dentro de los límites pactados, el daño producido al asegurado o a satisfacer un capital, una renta u otras prestaciones convenidas. Ahora bien, el riesgo es una combinación de probabilidades de ocurrencia de un siniestro y que forzosamente tienen que ser incierto, aleatorio, posible, concreto, lícito, fortuito y valorable económicamente.

Que nos vamos a morir, cuanto menos es cierto y previsible, ahora bien, los seguros asistenciales podrían situarse en la frontera entre lo probable y lo seguro, tampoco vamos a discutir sobre ello.

Si atendemos exclusivamente a lo anteriormente definido, mientras más edad nos echamos en la espalda, más alto es el riesgo de despedirnos de este mundo y, por tanto y por sentido común, si la prima de un seguro se calcula por el capital multiplicado por la probabilidad, más alto sería el precio del coste del seguro. Hasta aquí todo claro. No nos engañemos.

¿Cómo se soluciona este desbarajuste en el seguro?, existen dos únicas vías. O subiendo el precio de la prima o alargando el periodo de pago de la misma. Empieza a pagar cuando naces, sería lo ideal para amortiguar el “golpecito”. ¿Habrá algo mejor que una póliza de decesos de un matrimonio joven con 3 niños?

¿Cómo lo pagamos? Muy esquemáticamente, la prima nivelada viene a ser aquella que sin importar la edad siempre pagaremos lo mismo, esta será más cara cuando somos más jóvenes, pero sensiblemente más baja cuando seamos mayores. Aquí interesa morirse cuanto más tarde mejor. La prima Natural, sube a medida que sube la edad. Pagamos poco en la juventud y mucho en la vejez. Lo bueno aquí es morirse pronto para pagar poco. Y la mixta es una mezcla de lo anterior, un invento para bajar precios en un mercado muy competitivo. 20 millones de españoles tienen cubierto el deceso, siendo nuestro país el mejor posicionado en este ramo a nivel mundial. El Presidente de Santa Lucía, Carlos Javier Álvarez tiene un patrimonio estimado por Forbes de más de 1.300 millones de euros. Tampoco se queda lejos la marquesa viuda de Taurisano, Presidenta del grupo OCASO, con un patrimonio de más de 800 millones de euros.

Siguiendo con nuestro análisis, no podemos olvidar lo que dice el artículo 26 de la misma Ley 50/80, y es que el seguro no puede ser objeto de enriquecimiento injusto para el asegurado (si para el asegurador). Para la determinación del daño se atenderá al valor del interés asegurado en el momento inmediatamente anterior a la realización del siniestro.

Cuando una persona joven muere, además de ser una inmensa tragedia, se produce una pérdida o lesión patrimonial fácilmente cuantificable para los que trabajamos el ramo de vida con tesón. La pérdida de ingresos, el sobrecoste en el cuidado compartido de los menores y la casa, los costes financieros de préstamos que no podrán atenderse, impuestos, registros, notarios, y como no, el propio sepelio, traslados, incineraciones etc. También hay elementos con un elevado coste, pero a veces difícil de cuantificar, el miedo, la inseguridad, la tristeza, el abandono, la incertidumbre, la desconfianza, la soledad, todos ellos condicionan decisiones, consultas y modos de afrontar la vida que sin duda tienen efecto económico en la familia.

Cuando una persona anciana, que ha completado su ciclo de vida, de la que no dependen otros seres humanos, sin deudas, obligaciones y otras responsabilidades fallece, el interés asegurado sin duda será menor, hablando en términos estrictamente económicos sin obviar el duelo.

Pero a veces el seguro de decesos nos hace pensar en todo esto cuando en realidad hablamos de asegurar ni más ni menos que el capital de servicio que en España ronda la media de los 3.550 euros. No, no estamos hablando del seguro de vida no, hablamos del ENTIERRO.

El ejercicio es simple, alejar la vista de la cultura del seguro de decesos con toda su parafernalia; desglose de pólizas familiares vigentes desde principio del S. XX, respeto de antigüedades, subidas infernales a los 70….

En definitiva, asegurar 3.550 euros, amén de posibles traslados, borrados de vidas digitales y limpieza de dientes. Y, ¿Cuándo es necesario asegurar esos 3.550 euros?

En mi opinión, el seguro de deceso es un producto para la clase social con dificultades para afrontar un sepelio de un coste de entre 3.550 y 6.000 euros (podemos fallecer de vacaciones en Italia). Por tanto, el análisis debiera ser simple, ¿puede usted afrontar el pago inmediato de un servicio de ese valor y no provocar un perjuicio grave a su familia?, ¿tiene usted en el banco ese saldo para atenderlo sin mayor inconveniente.?

Si la respuesta a las dos preguntas es SI, usted no es cliente del seguro de decesos. Si, por el contrario, resulta un gran desarreglo afrontar ese imprevisto, el seguro es un buen cauce de cubrir esta contingencia.

Dicho lo cual, la segunda cuestión sería, ¿hasta cuando tener seguro de decesos.? La respuesta se antoja sencilla; mientras la respuesta a las dos preguntas iniciales sea NO.

Con estas dos premisas, personalmente siempre me ha sorprendido y maravillado la imagen de mi abuela guardando el dinero cada mes para el cobrador de cierta compañía con mucha “solera”. Tampoco deja de maravillarme cada año que renuevan la póliza clientes multimillonarios de nuestro despacho.

Yo soy un defensor de la prima mixta por ser la más económica en el tramo de vida en que realmente un deceso puede ser un inconveniente económico. En mi opinión esa es la modalidad que más se ajusta a una edad donde los esfuerzos se deben desviar a la educación de los hijos, al ahorro, a la vivienda, a los negocios y a tantas y tantas cosas necesarias. No temo a los saltos pasados los 70 porque entiendo que en esa edad lo suyo es apartar 3.000 euros o pagar un prima única sin esperar a cumplir los 90, defiendo el seguro de decesos como el de vida, como un producto de alto contenido social, pero mientras en España te respondan que eso no es viable porque perderían las primas pagadas durante toda la vida, la verdad sobre la mejor prima seguirá llenando las sobremesas. Al fin y al cabo, en nuestra joven cultura aseguradora, el seguro de vida no sirve para nada si uno no se muere, un país donde pagamos nuestra vivienda en la que vivirán nuestros hijos en 20 años y en 90 la caja donde lo haremos nosotros eternamente.

Juan Torrecillas

Economista y Corredor de Seguros.


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